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¡Sorpréndeme!
Escobar cincuenta años con cuentos
cuentos de la historia cotidiana de un pueblo que se está haciendo
16 de Junio, 2009    General

Moncho y la Pintier

 En aquellos años había mas tiempo para todo. Mas tiempo para estar en casa, para salir, para leer, o para lo que sea.

El barrio era apenas un salpicado de casitas modestas, unas por aquí, otras mas allá, la otra mas al fondo.

La metodología de expansión de la zona habitada eran los remates o loteos.

Había dos inmobiliarias que por esta zona eran las mas fuertes, una Kanmar y la otra Lucchetti.

Esta última según recuerdo, gracias a un pegadizo aviso radial, con dirección en Suipacha 58 de la Capital Federal.

Estas empresas adquirian lotes grandes de terreno, los subdividian en parcelas de aproximadamente 300 metros cuadrados cada una y los vendian en cómodas cuotas en plazos que podian llegar a los 120 meses o más aun.

Asi se hizo mi barrio, asi nació, asi creció.

Los nuevos habitantes eran miembros de las poderosas corrientes migratorias internas de esas épocas, que llegaban a Buenos Aires mas que atraidos por esta, expulsados por la pobreza y la falta de expectativas en sus provincias de origen, e inclusive de paises limitrofes.

Fue asi que se formaron las colonias de residentes: Chaqueños, Correntinos, Santiagueños, Tucumanos, Paraguayos, Uruguayos, etc.

La vida común en esos barrios, se transformó en un maravilloso ejercicio de ensamble de culturas, que aún con ejes lingüisticos, religiosos, politicos y economicos similares, tenian una amplia y muy rica diversidad, en cuanto a hábitos, rituales, usos y costumbres.

El gran ordenador de esas sociedades en formación, era el trabajo. Asi cada uno, además de su origen geografico, se reconocía por su oficio. El Chaqueño albañil, el Tucumano de la metalúrgica, el Correntino carpintero, el Paraguayo del almacen etc.

El origen y el oficio colocaban las piezas de ese magnifico rompecabezas humano cada una en su lugar.

Se formaron aquellas barriadas, con historias cruzadas, engarzadas en la perla preciosa de la solidaridad entre vecinos y el ejercicio de la amistad .

El desarrollo urbanistico sobre el terreno a pagar en cuotas era, primero el cerco que delimitaba la propiedad, pero casi siempre con la puerta abierta, casilla de madera al fondo con el bañito afuera, la bombita sapo y la sombra del catalco, del sauce llorón, o algunos alamos. Adelante, mas rapido o mas lento, vendria el replanteo y los cimientos de la casita de material.

Los sábados por la noche era baile, asado, truco y romance, mas de una vez terminado en batahola generalizada, contra alguna bandita de otro barrio cualquiera, tan igual a este que era lo mismo.

El domingo la cita era la canchita, el campeonato relampago donde el fútbol sin codificados, ni antenas satelitales, permitia un dia de protagonismo, o los partidos entre todos, con equipos sin camiseta, que cambiaban jugadores entre ellos alterminar el primer tiempo, si la eleccion no habia sido pareja y el resultado le sacaba las ganas a los que ganaban y a los que perdian.

La anécdota que pinta este mundo sucedió un 25 de mayo, en la canchita ubicada en el terreno, donde hoy se encuentra la delegación municipal.

Ese 25 habia amanecido nublado, pero de a poco un sol perezoso se fue abriendo paso para entibiar la suerte de esos habitantes de la esperanza que son los trabajadores sin infulas.

En la canchita, que tambien servia de centro de reunion social, se habia comido un locro y los muchachones, desde temprano corrian detrás de la numero cinco.

A eso de las tres de la tarde, con el locro aun sin digerir y con el vino subiendo a la cabeza, llegó el momento del consabido solteros contra casados.

Una de la cuestiones centrales de esas jornadas de partido barrial, es la pelota. Suele ocurrir a veces, que hay muchos balones y pocos jugadores y en otras ocasiones, estando los dos equipos listos para largar la justa, no aparece el útil, como decia un viejo relator de radio. Asi era ese 25 de mayo, la única pelota que habia, era indigna de la fecha y del partido.

Los mas pesados, en el mejor sentido de la palabra, del barrio estaban alli dispuestos a cruzarse en un entrevero memorable, pero para ello contaban solamente con una vieja pelota desgastada y con un gajo a medio descoser, lo que le otorgaba una forma ovoidal, por lo que lanzada contra, el de por si desparejo, campo de juego, picaba con imprevisible destino, dejando desairados hasta a los caranchos que relojeaban desde arriba los restos que quedaban en la olla del locro, en competencia de amagues con los perros flacos que se relamian con las sobras.

Asi estaba todo, casi decidiendose los contendientes a largar el partido con ese balón infame, cuando alguien dijo como al pasar

- ahí viene Melendez.

 efectivamente, por la calle que sube desde la plaza hasta la ruta, se acercaba ese Chaqueño bajito, morocho, de nombre y apellido Ramon Galarza, operario de la fábrica Fate y al que todo el Barrio llamaba Melendez, en honor a aquel majestuoso full back Peruano, que se lució en Boca como jugador y como persona.

Melendez, el del barrio, se parecia mucho al famoso, no solo era un grandioso numero dos, que tranquilamente podria haberjugado en el fútbol profesional por su jerarquia, habilidad y técnica asombrosa, sino que además de ser bajito morocho, hincha de boca, hablaba muy poco y en voz baja. Humilde respetuoso y siempre amable, jamás se le conocio un altercado con nadie y era sumamente respetado en el barrio y aquel dia, si algo le faltaba para ganarse la consideración general, aparecio trayendo bajo su brazo una reluciente pelota N°5.

- Me la gané en una rifa en la fábrica,  dijo con su tonada y su modo

¡¡¡Es una pintier!!!! Exclamó uno de los pibes

Y era no mas, esa joya reluciente que se veia por televisión cuando se jugaban los partidos de primera, perfectamente esférica, blanca, reluciente, con el olor a cuero intacto y sus octaedros fraguados en la costura invisible del hilo de cañamo.

- Una pintier, volvieron a decir a coro, un ramillete de pibes con los ojos desborados por la emocion.

A punto estaban de acomodarse en la cancha para estrenar la pelota de los sueños, cuando por detrás de uno de los arcos, un hombre tambaleante llegó acomodandose las medias.

Conocido por todos, Moncho era lo que se puede decir, la antitesis de Melendez.

Mal hablado y siempre dispuesto a la discusión y la pelea, tenia cuentas a saldar con mas de uno, aunque la mayoria no le daba importancia a esa situación, pues todos sabian de su honestidad, y sentido solidario, que nunca dijo que no a nadie, que le pidiera una mano. También todos sabian que la bebida lo ponia mal y que era de difícil trato en es estado.

Quisieron convencerlo:

- Estamos completos Moncho. le dijo el tucumano Martin,

- Espera Moncho jugamos un tiempo cada uno. Su compadre Salazar.

No hubo intentona que diera resultado y Moncho seguia parado en la mitad de la cancha, sin ninguna intencion de salir

- Que dale, - que esperá, - que compramos otro vino y que esto y lo otro.

Nada daba resultado, hasta que el Paraguayo Rosendo, un tipo de pocas pulgas que tenía enconos viejos para con él, le dijo con voz aspera y cortante,

- pero tomatelas borracho, no ves que no podes ni caminar y poniendole la mano en el pecho le empujo suavemente, pero lo suficiente como para que moncho se fuera de espaldas, y a no ser por el cordobes Dani, que lo agarro de un brazo, se hubiera golpeado feo.

Ahí no mas se armó un revuelo, algunos gritos, enojos a favor, o en contra.

Pero finalmente, entre los hijos, la mujer y los vecinos, lo llevaron hasta la puerta de su casa, justo frente a la canchita.

El correntino se metió dentro de su casilla y todos pensaron que alli se acababa la cosa.

Se eligieron los jugadores y se armaron los dos equipos, la pelota fue al círculo central por primera vez en su vida.

A punto estaba de recibir el primer puntapie inicial, justamente de parte de Rosendo, en su condición de temible nueve, cuando un murmullo entró a la cancha, alargado en el uuhhh de las mujeres y crios que esperaban el partido.

Tras las voces, … Moncho, corriendo como un poseido, prácticamente en un único y gigantesco tropiezo, irrumpió en el punto central al grito de

- “Si Moncho no juega, no jugás vos tampoco paraguayo”

Rosendo giró la cabeza y lo vió venirse encima.

Con la pelota en la mano, intentó ponerse en guardia, pero en ese momento, el sol que le ganaba la disputa a las negras nubes, estalló en mil destellos, en la hoja de plata del puñal, que salio veloz y mortal, como la peor de las serpientes de la cintura del correntino.

“Nooooo Monchooooooo¡¡¡¡¡  el alarido desgarrador enrojeció todas las gargantas, se oyeron llantos de chicos y ruegos de mujeres, pero nada detuvo a Moncho, su mano y el puñal una sola cosa ya, se lanzaron como una flecha envenenada sobre la presa indefensa, Rosendo.

El dia se puso helado, el aliento de todos se quedo petrificado y el horror se hizo presentir.

Rosendo vio venir la estocada, solo atino a cerrar los ojos y encomendarse a la Virgen de Caacupé, de nada sirvió.

Sobre el silencio, el frio aplasto el aire y el puñal llegó brutal y certero a su destino triste.

La explosión se escuchó a dos cuadras.

Después de la puñalada feroz, Moncho agarró el cuero reventado por el filo del metal y metiéndolo debajo de su brazo izquierdo, levantó su mano derecha, buscó a Melendez atrás de todos, cerca de su posición de número dos y le dijo con esa tartamudez que le brotaba cuando se ponia nervioso,

- Este que … perdoname che Melendez, la semana que viene te compro otra.

Y asi fue que terminó la historia de la primera Pintier que llegó a mi barrio, la que murió virgen de partido alguno.

Palabras claves ,
publicado por jorgeargentina a las 21:10 · 2 Comentarios  ·  Recomendar
 
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Comentarios (2) ·  Enviar comentario
Bueno, fué la pelota. Se venía de otra. Al autor/a, con respeto y mucha humildad, le sugiero la lectura de los libros de Aldo Ducler sobre los conventillos de BA,sus costumbres y comidas. Gracias
publicado por Gustavo, el 17.06.2009 05:44
Está bueno ¿Lo escribiste vos Jorge?
Un abrazo.
José
publicado por Está bueno, el 11.07.2009 09:03
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